martes, 1 de agosto de 2017

Esas bellas fotos de la Llajta son del Turi



Sus fotos están por doquier a la vista de todos, y casi todos ignoran quién estuvo detrás de la cámara y cuándo capturó esas mágicas tomas que nos siguen cautivando desde hace casi un siglo.

Están en las cuatro esquinas de la plaza 14 de Septiembre, en puentes y viaductos, en calendarios de pared o de escritorio, memorias institucionales, carteles, escritos académicos y/o históricos. Las fotografías tomadas por Rodolfo “el Turista” Torrico Zamudio nos son tan familiares como el denominativo de Llajta o ciudad jardín, como sinónimo de Cochabamba.

Esa enorme difusión evidencia su intensa y mágica belleza. Pero la ausencia de contexto al exponerlas y la sistemática omisión de su autoría es más que una falta de respeto a la memoria del fotógrafo: es un ofensivo desdén a la riqueza histórica y documental de ese tesoro de imágenes que poseemos los cochabambinos, y lo ignoramos.

Y es que el mágico encanto de esas tomas va más allá del disfrute instantáneo que provoca mirarlas. El desconocimiento de la magnitud del trabajo fotográfico de Torrico Zamudio y de su dimensión humana y artística esconde el extraordinario valor del hombre y su obra.

“Pocos testimonios del pasado tienen el valor documental, histórico y artístico de la colección fotográfica legada por el Turista Torrico (Turi)”, afirma el sociólogo e investigador Wálter Sánchez Canedo en la introducción de uno de los álbumes de sus fotos, publicados en la última década.



Mirada mágica

Las fotos del “Turi” nos permiten meternos en su piel y experimentar, de forma real y mágica, la fuerza e inquietud de su mirada, así vemos lo que él veía, nos sumergimos involuntariamente en el tiempo y el espacio de antaño. Tener en frente una de sus fotos nos conecta con el pasado y la historia; su mirada inmortalizada en la captura de la imagen nos ofrece la ilusión de atrapar el movimiento y a la vida.

El preciso instante en el que el tiempo se distrae para ser encerrado, tras oír el canto de una magnética sirena, todo esto traducido en un certero clic. Es el mismo sonido, que, viajando en el tiempo, regresa a nosotros transformado en nuestro pestañeo, un distinto clic, que demanda la atención de la mirada para adentrarnos en el sopor hipnótico del canto de las formas, los paisajes y las siluetas. Por tanto, el ojo, la mirada y miradas se hacen una en los hilos del tiempo, y sin darnos cuenta, como en la lectura de un maravilloso libro, sentimos, gozamos, nos extasiamos, suspiramos y vibramos con las imágenes “turianas” que son retrato de otro tiempo y otra vida, decimos nosotros, quienes firmamos esta nota y estamos embarcados en una aventura, tras sus huellas.

Este afán se traduce en la concepción y realización de una muestra de fotos de gran formato, un diaporama y un video documental-biográfico que con el apoyo de la Fundación Cultural Torrico Zamudio y la Secretaría de Cultura de la Municipalidad local tendrá lugar el próximo mes de septiembre en la Casona de Mayorazgo.

“Como Secretaría Municipal de Cultura, apoyamos esta acción de justicia para honrar la deuda histórica con este singular personaje”, asegura Roxana Neri, secretaria municipal de Cultura.



Desde esas imágenes capturadas hace un siglo por un fotógrafo enamorado de su tierra, brota el alma de una Cochabamba que revive sin cesar en el asombro estético que experimentamos.





TESTIGO HISTÓRICO
Caminante y fotógrafo incansable

Una de las principales características del fotógrafo fue su andar, siendo un caminante, un viajero, un aventurero en el tiempo. Resultado de las incontables horas de caminata, acompañado siempre por un fiel perro, se tienen fotografías de diversas temáticas que abordan lo cotidiano, como salidas al campo, viajes en tranvía, deportes, diversos retratos, actividades de la época y personalidades peculiares. Así como fotografías que retrataron el progreso y la modernidad de la época, capturando imágenes de diversos trabajadores, máquinas y el registro del tendido eléctrico, la creación de los puentes de Cala Cala y de la Recoleta. Otro de sus principales intereses fue el de retratar la transformación de su amada ciudad Cochabamba, aquí se tienen lugares emblemáticos como el cóndor de la plaza principal, los límites de la ciudad, los templos como la Catedral y el templo de Santa Clara. Unas diversidades de paisajes naturales también conforman el abanico temático de este inquieto artista, un hombre que estaba en todas partes y que acudía sin dudar a cualquier evento donde lo llamaran.

El viaje fotográfico del “Turi”, que equivale a decir su viaje y aventura de vida, recorre prácticamente todas las ciudades de Bolivia, haciendo paradas para el registro de varios de los acontecimientos históricos de nuestro país. Él se embarcó en las páginas de la historia registrando la Guerra del Chaco, participó activamente en la transformación de Cochabamba a la modernidad, con el tendido de la red de suministro de electricidad de Incachaca a la ciudad, producto de esta vasta producción se tienes los libros: Guerra del Chaco, Cochabamba, Sucre, La Paz, y Viajes por tierra oriental, editados por la Fundación Torrico Zamudio.

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